Trabajo N.2
Nothing Brings Me Down
El bajo continuo comienza, sigue, no se detiene, permanece por un largo intervalo de tiempo. Su sonido grave marca el ritmo, se sincroniza con el reloj de mi corazón. Soy ahora parte de todo esto, de esta experiencia que durará exactamente 3 minutos y 56 segundos.
Un acorde acompaña suavemente al bajo en determinados momentos, es la guitarra que cae en el primero de los ocho tiempos acentuadamente. Sopla el viento, canta en mis oídos. Más bien es una voz suave, transparente, cristalina.
Late el bajo, el canto emite una dulce frase. Entran en el juego las cuerdas de la guitarra y se mezclan con los sonidos, es como un arpa. Ese sonido, el conjunto de la armonía perfecta, invade mi mente, la llena de esperanza y de energías de vida.
Entran en mi memoria un sinnúmero de recuerdos a verde, bosque, agua. Las gotas de lluvia caen sobre el piano. Caen al principio tímidas pero luego cobran la fuerza de acordes marcados. El universo musical está completo: voz, armonía y ritmo.
Descubro que ese universo es la razón de mi existencia. Mi dios es el sonido, es el Do Mayor. Quiero escuchar todos los timbres que existan en el mundo para así poder comprender todo. La energía que tengo viene de él. Lo amo y temo a la vez.
Por momentos lo tengo en mis manos, puedo a través de un instrumento musical reproducirlo, pero solo sería imitarlo, jamás crearlo. Él da vida o muerte al discurso musical. Todo nació con el bajo y muere de igual manera con ese sonido constante y marcado que cada vez se debilita hasta detenerse y el sonido se desvanece, ha muerto.
Estamos todavía en los 3 minutos de la experiencia como he dicho antes nos quedan 56 segundos para sentir. Para disfrutar de la voz de Emiliana Torrini, la cantante islandesa y su canción Nothing Brings Me Down.
Escuchar una canción resulta abstracto. Es un viaje interior muy íntimo que evoca a nuestra subjetividad. Al sentir la música según nuestra comprensión del mundo. Es una experiencia única para cada ser, una conexión consigo misma. Puede recordarnos olores, sabores, lugares, personas. Se acaban lentamente los últimos segundos de algo que podríamos llamar una terapia musical.

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